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jueves, 13 de noviembre de 2008

CJ7
Por Alejandro Guerrero

Acabo de verla y no debo hacer nada mas que rendirme ante ella. Se que quizas debo estar exagerando y se puede pensar que es solo puro fanatismo, pero cuando un director como Stephen Chow puede hacer llorar de pena y de emoción a padres e hijos, esta de mas decir que es un verdadero fenomeno del cine mundial.Chow, no ha descubierto la polvora con CJ7, es mas utiliza una historia tan trillada del extraterrestre venido a la tierra a hacer amistad con un niño al mejor estilo de ET de Spielberg, pero unido a ello, le agrega ese ingrediente Chow, su humor burlandose de situaciones como la pobreza (una repetetitiva costumbre), la segregación, la relación paterno filial y inclusive la muerte.Con una sensibilidad maravillosa Chow nos cuenta la historia de un padre y su hijo, extremadamente pobres pero dignos, el personaje que interpreta Chow, es un obrero que trabaja 24 horas al dia para darle una educación digna a su hijo en un colegio de mucho prestigio y que sacrifica, muchas cosas para conceder a su menor el privilegio de estar en un colegio de ricos.
El niño es segregado en su escuela por su falta de higiene, pobreza y hasta por su nivel social, inclusive sus compañeros de clase lo molestan pero las vida les cambiara con la llegada de un hermoso, tierno y carismatico extraterrestre que se convertira en la alegria de sus vidas.
Lloré con mi hijo abrazados cuando un par de escenas nos hicieron crujir el corazón y me emocione como un niño en otras, lo que demuestra la intención de Chow de hacer una pelicula familiar que genere emociones y risas, en especial para los niños, pero hay que decirlo tambien, sus peliculas entre entretenidas y divertidas muestran un especial interes, en dignificar a la gente humilde, pobre y desvalida, lo que tambien se nota en esta cinta, que resulta una excelente comedia y un espectaculo maravilloso que he tenido la suerte de compartirla con mi hijo.No esta al nivel de las anteriores comedias de Chow, como Kung Fu Hustle o Shaolin Soccer pero igual da la talla, con esta familiar cinta y asimismo, se cuenta con un personaje creado por Efectos digitales que enternecera a grandes y chicos.En resumen, una excelente comedia familiar llena de emoción y risas, para verla en familia.
Hechizo de luna y Vampiro recomiendan ampliamente esta pelicula y rinden un homenaje a la grandielocuencia y majestuosidad de la direccion del maestrisimo Stephen Chow ya que es uno de los genios que rondan en este mal llamado planeta tierra.
Returner

Una excelente cinta de ciencia ficcion y con un despliegue impresionante de efectos especiales que hacen recordar peliculas como matrix y los transformers, ademas de tener ciertas similitudes con terminator ya que una joven se ve obligada a regresar al pasado para asi evitar una guerra entre alienigenas y la raza humana.
Cinta que te hara pasar un rato agradable recomendada para toda la famila y te dejo con el trailer para que termines de convencerte
SILMIDO
Pelicula coreana que trata de un grupos de delincuentes condenados a muerte que son absueltos con la condición (obligatoria por cierto) de integrarse a un escuadron de elite del ejercito para matar a un lider que impide la unificación de las dos coreas, para lo cual son sometidos a durisimos entrenamientos para disciplinarnos convirtiendose en fervientes soldados hasta que el encubierto proyecto es disuelto y esto termina en un dramatico y patriotico final (para los coreanos).
Pero tecnicamente la pelicula es gratificante en lo visual, tiene un ritmo endemoniado pero en ningun momento es una pelicula aburrida. Las actuaciones estan en un gran nivel, especialmente Kyung-gu Sol que para mi es un actorazo de los mejores de corea.
Ademas esta basada en un hecho real,una excelente opcion para un buen fin de semana
Este es el trailer!!!

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Trouble every day (sangre canibal)

Por Paco Latorre

Fue Sófocles, si no me equivoco, quién interpelado por algún efebo griego al que seguro le ponía el culo fino afirmó que haber llegado a la vejez le hacía sentir libre pues había conseguido liberarse del amor, que según él le perseguía “como un animal furioso y fiero”. Cualquiera que haya leído y soportado mis infumables reseñas habrá notado una tendencia hacia la pataleta romántica, en el sentido más mundano del término, sin duda causada por una especie de síndrome de Peter Pan que me convierte en un bobalicón con la cabeza en las nubes para el que las películas que ha visto, los discos que ha escuchado y los libros que ha leído le sirven de guía para una vida en la que parece condenado a la hostia continua por resistirse a aceptar que, por cojones, hay una cosa llamada ficción y otra realidad. La referencia a Sófocles es la mejor manera de introducir lo que “Trouble every day” significa y como es una pesadilla de la que todo romántico se alimenta. Si el cine ha hecho del amor y la muerte los temas centrales de su poco más de siglo de vida es porque como vómito vital de nosotros se convierte en terreno para soñar la ficción de nuestra realidad, quizás en un empeño basado en paliar, aunque sea a fuerza de mentira, aquello que en nuestra realidad real (y no puedo evitar reírme un poco al escribir esto) ya es irremediable, sea porque no pudo ser o porque nunca ha existido. Una persona cualquiera (y no miro a nadie) puede sentir la tragedia romántica de, por ejemplo, Wong Kar Wai como si fuese la suya propia, sin pararse a preguntar lo sincero de tal creación, sólo porque en algún momento se ha visto allí reconocido y porque esa ficción, en caso de ser efectivamente ficción, es su ficción. He mencionado a Wong Kar Wai por ser, quizás muy a su pesar, la punta del iceberg de lo que el romanticismo cinematográfico significa hoy en día, y pese al injusto encumbramiento que tal autor ha sufrido por parte de la crítica cinematográfica más anquilosada y de la correspondiente e infame fauna de gafas de pasta filmotequeros, me parece adecuado mentarlo como hermano bueno del aquí hermano malo, que es “Trouble Every Day”. Si lo que en el hongkonés es poesía corporal y susurro angustiosos sobre el anhelo, en la película de Claire Denis es grito histérico a pleno pulmón sin dejar de lado esa poética de miradas, roces y encuentros furtivos. Porque no nos engañemos: tanto hablan de cómo el deseo y el amor se matan el uno al otro en “2046” como en “Trouble Every Day”. La película de Claire Denis es sincera desde el mismo punto de vista temático: eros y thanatos son nuestras vidas, y todo lo que hay en medio de ellos está muy cerca situado. Ciertamente el argumento de la película es digno de una caspa de la Full Moon (desde aquí mis gracias a los hermanos Band: sigan haciendo pelis, por favor) si lo tomamos al pie de la letra y no negaré que en momentos resulta efectista y maniqueísta. No considero que sea para nada malo. Al fin y al cabo, una película que habla sobre el amor ha de tener su punto importante de estética, y su efectismo entronca con la intención misma de ese argumento que se me presenta como excusa muy bien camuflada, porque lo que se quiere contar esta muy claro, y a nivel literal: el deseo nos devora, y por él nos comemos vivos los unos a otros. Como ese animal furioso y fiero. Es el anhelo lo que convierte el amor en deseo, y es su desproporcionada fuerza la que luego nos hiere pidiendo más al no complacernos nunca. Tanto Beatrice Dalle como Vincent Gallo buscan algo en ese deseo que confunde con amor y viceversa, sin que su hambre cese nunca. La decepción nos hace seguir insistiendo porque debe de haber algo más, tenemos que llegar a sentir algo especial. Si “Trouble Every Day” es tan violenta y sangrienta es porque es la metáfora en estado bruto, es la personificación de el dolor físico que el amor produce. Ya no sólo sufre alguien a quien le rompen el corazón, sino también aquel que lo rompe. Igual me estoy equivocando y estoy soltando mi discursito sobre una película hecha con quién sabe que finalidad por cuatro culturetas gilipollas y que no tiene nada que ver con lo que yo digo. ¿Confundiendo realidad y ficción?, es que no escarmiento. Puede ser, pero yo lo veo así, y ahora mismo no sé si he escrito sobre “Trouble Every Day” o sobre mi mismo, pero me da igual, porque la mirada final de Vincent Gallo tras toda esa sangrienta búsqueda que no sacia , me sigue pareciendo que dice lo mismo: no hay consuelo. Estamos solos. Para siempre.

Soldados de Dios



The Prophecy (1995), aunque sea con su terrible título español, Ángeles y demonios. Y aquel que no la conozca, debería. No solamente por ser uno de los más rescatables ejemplos de explotación de mitología cristiana que proliferaron al final del milenio pasado, sino también porque fue precisamente esta película la que dio un nuevo aire a la carrera de Christopher Walken, aumentando aún más (si cabe) su popularidad al encarnar a la versión más desenfadada de un serafín que viene a la Tierra buscando pelea.
Argumentalmente hablando The Prophecy es cristianismo pop: al parecer, el Arcángel Gabriel (un Christopher Walken que parece salido de los Rolling Stones) se ha rebelado contra Dios y ha inciado una segunda guerra en el Cielo, que piensa ganar bajando a la Tierra para apoderarse del alma más maligna de todos los tiempos. Por desgracia se le adelanta uno de los ángeles fieles (Eric Stolz), que roba dicha alma y la esconde en el sitio menos esperado. No cuento más porque, en realidad, dicha historia es lo de menos: en numerosas ocasiones se descalabra por completo, y su rigurosidad hacia los elementos icónicos de la religión no resistiría el análisis más superficial. Y sin embargo, dentro de su aparente frivolidad, la película esconde un empleo bastante eficiente del atractivo estético de los ángeles y sus contrapartes infernales, por supuesto teniendo en cuento menos a Win Wenders y más a Alan Moore. Además, gran parte del disfrute de la cinta se va en la contemplación de Christopher Walken, cuya primera y silente aparición ciertamente no presagia la ruptura que representa para una película que, a juzgar por sus primeras imágenes, se presentaba mucho más oscura y tenebrosa. El Gabriel que nos depara su intérprete irrumpe con un tono irreverente de estrella de rock que no pierde oportunidad de lanzar comentarios despreciativos e incluso se recrea en largas secuencias de humor en las que simplemente "juega" con los humanos a los que considera inferiores (esto se aprecia no sólo en sus no-todavía-muertos ayudantes sino también en una escena en la que se le ve rodeado de niños).
El elenco más allá de Walken es principalmente decorativo. Elias Koteas (el Robert de Niro de los pobres) y Virginia Madsen son en teoría los protagonistas, pero la verdad es que no pintan nada y perfectamente podrían haber estado ausentes sin que la coherencia de la trama se resintiese demasiado. Eric Stolz (creíble al menos en su papel de ángel "bueno") es robado así de un puesto de héroe que por lógica le hubiese correspondido, ya que aparte de los momentos de humor destinados a los nada voluntariosos ayudantes de Gabriel (elemento normalmente usado en historias vampíricas) la verdad es que los personajes humanos no resultan muy atractivos. El único actor que llega a hacerle sombra a nuestro villano es, de hecho, un magnífico Viggo Mortensen que acapara la pantalla en un pequeño pero contudente papel al final de la película. Esto, una vez más, nos confirma que durante años tuvimos ante nosotros a un gran actor y nadie se dio cuenta.
Definitivamente la película no es perfecta. Sin embargo, dentro de su liga de bastardizaciones cristianas, The Prophecy tiene aquello que le faltó a Constantine (2005): un personaje con el carisma suficiente para sostener la película por sí solo.
 
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